Los palos que le das a la aceituna

En 1950 se registró el último pico de población en Villamanrique: 3562 personas censadas. Antes de empezar los ochenta, se había reducido a un tercio. Desde entonces y hasta 2007 la curva de la gráfica se suaviza, aunque no para.

Pero las dos últimas veces que estuve allí comprobé de primera mano que en los últimos años había quien estaba volviendo al pueblo. Entre la crisis (económica) y las crisis (personales) la gráfica debería empezar a invertirse. Ni Alcobendas, ni Marina d’Or. “Como aquí no se vive en ninguna parte. Hay mucho ruido, muchas sirenas. Como en el pueblo, nada”.

Los que se quedaron cuando en los sesenta la despoblación azotó los pueblos han mantenido vivas costumbres que fuera de allí no tenían sentido: formas de vivir, de trabajar, de divertirse, de cocinar.

Irene Morán

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