Un mar, creedme: necesito un mar

Un mar, y me valdría cualquiera. Y éste es el último que dejé pasar, sin darme cuenta de cuánto iba a necesitarlo sólo un par de semanas después. Tendría que haber hecho una pequeña hoguera en orilla y haber vertido un poco de agua sobre las cenizas. Así, ese alma que me acompaña habría vuelto a la tierra y no sería ahora el fantasma que me atormenta. “Un mar donde llorar a mares, y que nadie lo note.”

Ningún sitio mejor que Bombay para eso. Ninguna playa mejor, tan llena de vida a pesar de la suciedad. Nadie habría notado mi hoguera, mis cenizas, mi mar de lágrimas.

Un mar, un mar es lo que necesito.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
Tampoco quiero flores, manos,
ni un corazón que me consuele.
No quiero un corazón
a cambio de otro corazón.
No quiero que me hablen de amor
a cambio del amor.
Yo sólo quiero un mar:
yo sólo necesito un mar.
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.
Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note.

Poema de Francisca Aguirre, Testigo de excepción
Irene Morán, web personal

Irene Morán en Facebook

 

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