Irene Morán: pruebas de estanqueidad

Dice Juan Tallón que “la huida es vastísima, enciclopédica. En realidad, se bifurca en variantes que la vuelven todavía más amplia, como el escondite, el abandono, el extravío, la desaparición, etcétera. Huir nos lleva toda la vida, y de vez en cuando nos permite volver.”

Yo creo que no es la huida la que nos permite volver. La huida no concede, la huida exige. La huida, incluso, a veces engaña. La huida es la cobardía disfrazada de acción. Porque el miedo paraliza, y huyendo sentimos que estamos haciendo algo. Freccia, un personaje maravilloso de Luciano Ligabue, utiliza un programa en una radio independiente que monta con tres colegas en un desván abandonado para hablar a altas horas de la madrugada. Para contar a la oscuridad de la noche lo que nunca le cuenta a nadie. Haya o no alguien al otro lado de las ondas. En él, una noche, se descuelga con esto:

“Creo que querer escapar de una ciudad de veinte mil habitantes es querer escapar de uno mismo. Y creo que de uno mismo no puedes escapar ni aunque seas Eddy Merckx”.

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Freccia

 

La huida no es más que una excusa; las huellas que deja son más profundas que las de cualquier otra de nuestras elecciones urgentes. Y no tenemos protección. A pesar de que el ser humano es, fisiológicamente hablando, estanco, las huidas provocan derrumbes totales por debajo de nuestra cubierta permeable.

La estanqueidad es una cualidad por la que determinamos si algo tiene fugas o posibilidad de tenerlas. En construcción se hacen unos tests, denominados pruebas de estanqueidad (leaktestspara asegurar que la edificación, o el sistema construido, está libre de “peligro”. Aseguran un perfecto aislamiento y, por tanto, la salubridad del edificio, evitando su derrumbe. Se estudian las cubiertas, las fachadas, las terrazas, los suelos, el entorno… En función de los resultados de las pruebas se procede a su sellados, a su aislamiento, su apuntalamiento. Y aún así, con el paso del tiempo, se caen. Se nos caen. Porque hacemos nuestros los sitios que habitamos y, a menudo, nuestros hogares se derrumban al mismo tiempo que nosotros mismos. Desde dentro, poco a poco, se nos caen. Esos exteriores a prueba de fugas no pueden esconder un interior que se cae a pedazos.

Para evitar nuestro derrumbe no existen pruebas. No sabemos por dónde pueden fugarse trozos de nuestras almas hasta que se han ido, e incluso después, nos cuesta saber cómo se nos han escapado. Un sueño roto, un amor perdido, una soledad. En cada uno de los lugares que componen esta serie me dejé yo algo. Creo. Y digo creo porque cada uno de estos lugares se me ha quedado atrapado en el sitio del que algo salió. Volviendo a Tallón“tal vez la huida, después de todo, es imposible, o es un trayecto de ida y vuelta, donde la fuga no se diferencia del retorno”.

 

Pruebas de estaqueidad es un proyecto en construcción. Y así será siempre, porque nunca dejo de huir. Nunca dejaré de buscar cómo o dónde escapar, por muy inútil que sepa el esfuerzo. Mi alma, inútilmente, irá cambiando recuerdos por paisajes que se derrumban. Y así estará bien.

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Tras realizar el análisis completo de la azotea se procede a valorar el riesgo, existiendo tres niveles: 1 (seguridad y estabilidad), 2 (funcionalidad) y 3 (acabados)

 

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Una vez sepamos el tipo de riesgo, debemos decidir qué tipo de actuación tomar, pudiendo dividirse en tres niveles: indispensable, conveniente y deseable.

 

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El requisito fundamental que debe exigirse a cualquier cubierta es que responda a las necesidades funcionales, es decir, a la estanqueidad, aislamiento térmico, estabilidad de las características físicas y mecánica, etc., todas ellas de carácter prioritario para el conjunto de la edificación, desde el confort hasta su aspecto exterior.

 

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El tipo de cubierta nos puede decir a qué tipo de lesión nos enfrentamos, pues cada uno tiene sus puntos débiles.

 

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Situación del edificio en su entorno, exposición al sol, viento, lluvia etc, y la población en que se sitúa, puesto que no es lo mismo un edificio en la costa que en la meseta. Este aspecto nos informa sobre la adecuación del tipo de cubierta a la localización concreta del edificio.

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Se detallarán antiguas reparaciones o adherencias que por su ineficacia puedan darnos la referencia de lo que no hay que hacer.

 

 

 

Irene Morán, 2016. Y como diría Bon Iver, forever ago.

Patología de la edificación. Fuente wikipedia

Juan Tallón. Huyamos de aquí en Jot Down Magazine

Irene Morán, web personal

Un trozo de cartón en Facebook

 

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