Los nuevos bardos: Álvaro Laiz

Álvaro Laiz - Cazador

Álvaro Laiz – Cazador

Los bardos son siempre mis personajes favoritos de las historias. Igual porque me gusta retorcer palabras y los bardos tienen la cosa retorcida de que son ellos mismos los encargados de contarlas. De pequeña no soñaba con príncipes, ni con bomberos o policías. Yo quería hacerme mayor al lado de un bardo que me contara cuentos por las noches. Entonces era demasiado pequeña para pensar en el resto de placeres del dormitorio, pero nunca he dejado de tener debilidad por quien me hace soñar.

Dice la RAE que bardo es un poeta heroico o lírico de cualquier época o país. En una autobiografía inventada de un personaje inventado, Long John Silver, contaba el pirata que un bardo se había quitado la vida porque no conseguía recordar las historias que cantaba. ¿Qué le quedaba al bardo, si no tenía nada que contar? Otro gran contador de historias, Fernando León de Aranoa ponía en boca de sus princesas estas palabras: “Las cosas no son importantes porque existan, son importantes si se piensa en ellas.” Pero, ¿cómo vamos a pensar en ellas, si no hay bardo que nos las cuente?

Hay proyectos, y personas detrás de esos proyectos, que dejan de lado las sempiternas discusiones acerca de si la fotografía es un arte y, si lo es, si es un arte mayor o menor. Está Álvaro Laiz, y así es como entiendo que hay que hacer fotografía. Personas que con su cámara escapan de la foto casual, de la street photo (a la que ni siquiera llamamos ya foto de calle porque street photo suena mejor), de la obligación de la foto diaria. Esa especie de prurito de la rapidez que parece que sólo se pasa inmortalizándolo todo… Pero cuidado, las historias, sean ciertas o no, merecen un respeto que no siempre se les concede. Menos mal que hay gente como Álvaro Laiz, que va a los sitios y se queda para contarlas.

A mí, que me apasionan los cuentos, me atrapó Álvaro Laiz de la misma manera que me atraparon Erri de Luca o Laura Restrepo. Ellos son siempre lugares a los que volver, fuentes inagotables de relatos contados desde la admiración y el respeto. Historias en crudo, vestidas sólo con la sutileza y la lenta constancia del que las crea.

De las muchas que cuenta Álvaro con sus fotografías, la primera que conocí fue El cazador. En este mundo rápido del prurito podría decirse que en la jungla helada de las orillas del mar del Japón conviven los udegei con los tigres. Pero sus pueblos no salen en Google Maps y los udegei no salen en la versión castellana de la Wikipedia, y en este mundo rápido la historia del cazador terminaría aquí. No sería faltar a la verdad, pero sí al respeto. Es posible que sólo los udegei conozcan sus historias mejor que Álvaro, pero nadie mejor que él para contarlas. Álvaro, a través de la fotografía, es un gran bardo. Porque no hacen falta palabras para contar historias: hay estrellas, desde siempre escritas en el cielo, hay pinturas colgadas en las paredes de los museos. Hay historias cantadas durante generaciones.

Hay quien entiende a las musas y retuerce las historias como nadie. Había, más bien. Porque Daniel Rabinovich murió hace unos días.

Los bardos no deberían morir.

Irene Morán, 2015
Un trozo de cartón en Facebook

Álvaro Laiz, web personal
Far East Hunter Blog
An-Hua
Udegei en Wikipedia
Les Luthiers, Ester Píscore
Fundación Cerezales Antonino y Cinia

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s