Las mujeres pájaro y Lúa Ocaña, We’re birds

© Lúa Ocaña - We're birds

© Lúa Ocaña – We’re birds

Fuimos niños. Colocábamos los mapas abiertos en el suelo de la cocina, el único sitio en el que cabían desplegados. Marcábamos rutas y macizos que desempolvar. Un mundo que sólo existía en nuestros sueños, sueños que alimentábamos echando monedas en un cerdo de barro. Nos habían enseñado a ser niños así. A creer en las sirenas que fueron aves antes que peces. Teníamos superhéroes mitológicos y una televisión en blanco y negro. Y dentro del cerdo todo era del color de los mapas, una escasa paleta de dos azules, un amarillo, un marrón y un verde. Y dentro del cerdo el sueño crecía mapa a mapa, hora tras hora, con la tripa fría de las baldosas de terrazo.

Eran las horas del sueño. Las horas de volar. Estuvimos a punto de aprender que hay que tener los pies en el suelo, pero optamos por aguantar el frío, cuerpo a tierra abrazados a la hucha.
Sobre nosotros corrían otros cerdos, otros sueños. Corrían a por una vida en la que había medallas para el más rápido, el más listo, el mejor. ¿Hacia dónde queríais correr? ¿Hacia un fin que sabemos inexorable, y cuyas incógnitas os inquietan? ¿Qué prisa hay?

Pasad. Corred.
No se puede volar. Pasad. Corred.

Curiosamente fuimos los únicos en entender que no se vuela, que hay proyecciones permisibles, pero que del cuerpo no se sale. Uno está donde está y si fuerza un vacío no queda más que un recipiente, carne de ocasión. Un hueco en el que retumban modas, palabras, ideologías. En algún momento había que levantarse del suelo y vivir. Buscamos las proyecciones, miramos, imaginamos y copiamos. Inventamos un cielo que poner bajo la tripa que se nos quedaba fría en las baldosas.

Y así, evitamos caer en el pilón.

We’re birds tiene mucho de la magia de los sueños que encerré en mi hucha de barro tumbada sobre un mapa en el suelo, acompañada de monstruos mitológicos que salían de un libro con las pastas verdes de tela. Las aves de Lúa me recuerdan a las sirenas aladas con garras. Horribles mujeres pájaro hijas de un río y una musa. Sirenas que vivían de la voz vendiendo sabiduría a cambio del más alto precio: la vida. Sirenas que al morir se convertían en piedras y dibujaban un islote nuevo en mis mapas.

En algún momento habrá que levantarse del suelo y vivir. O no. Podríamos perdernos en las fotos de Lúa Ocaña, imaginar y copiar. Seguir alimentando los sueños. Dejar que sea ella la que los atrape, y vivir con los pies en el cielo de una geografía inventada. En cualquier caso, no es fácil la decisión, ya lo dijo Lope de Vega, pero yo me quedo pegada a mis mapas, como los navegantes a las sirenas.

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse…

Irene Morán, 2014
Un trozo de cartón en Facebook

Lúa Ocaña, We’re birds. Web personal

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