La televisión desde los cómodos asientos de Gaza

Esta mañana un amigo de sobrenombre “loco” publicaba Esperando el día en el que dentro de mi TV se mueran los políticos y se lleven el dinero los palestinos…

Hace dos días un bombardeo israelí destrozó la mezquita de Al-Sousi, al norte de Gaza. Su minarete cayó, atravesando la calle, y se hundió en el edificio de enfrente. La televisión mostró las imágenes de la torre caída,la calle cubierta del gris polvo de la lluvia de la destrucción. La pared, en su base, gastada de recuerdos pintados en escritos en negro.

«Mahmud Hams

©Mahmud Hams

Hay gente que se atreve a mirar las cosas de frente, y a decirlo. Así, Eduardo Galeano; siempre Eduardo Galeano. Y las cosas, cuando se miran de frente, no cambian demasiado con el tiempo. Más bien no cambian nada. Uno puede darle vueltas a las cosas, reinterpretarlas, o puede tomarlas como son, cara a cara. En El libro de los abrazos, publicado en 1989 y de rabiosa actualidad, de jodida actualidad, Galeano dedica algunas entradas a la televisión. Una de ellas dice:

En nuestros países, la televisión muestra lo que ella quiere que ocurra; y nada ocurre si la televisión no lo muestra.
La televisión, esa última luz que te salva de la soledad y de la noche, es la realidad. Porque la vida es un espectáculo: a los que se portan bien, el sistema les promete un cómodo asiento.

De no ser así, mi amigo tendría que dejar de ser “el loco”. De no ser la vida un espectáculo, lo que se habría encontrado Oliver Weiken al entrar en el edificio sobre el que había caído el minarete tendría detrás del vano inmenso de la pared una tela verde, un croma. Sobre él un técnico de efectos especiales habría colocado una mezquita bombardeada por un exceso de civilización: de dioses, de religiones, de políticos, de trasvases de agua. El encargado de hacer la mezcla de sonido habría añadido pistas de archivo, explosiones, gritos grabados en un estudio. Colaría, probablemente, una llamada lejana a la oración, haciendo aún más patente que desde Al-Sousi ningún muecín canta. No haría falta montar nada más en el plató, porque los cómodos asientos ya vienen de serie en los salones de Gaza.

©Oliver Weiken

©Oliver Weiken

Irene Morán, 2014
Un trozo de cartón en Facebook

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