La utopía de la felicidad de consumo rápido: Antoine Bruy, Scrublands

© Antoine Bruy

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Hay un blog de un escritor sobre libros que leo habitualmente. En general, para no leer lo que recomienda, porque ni me gustan sus novelas, ni los libros de los que habla. Pero está bien saber a qué no necesito acercarme. Porque muchos de esos libros han intentado, como diría él, joderme la vida. Porque hay libros que pueden joderte la vida. Y hay libros que prometen que te la pueden arreglar. A mí me la arregló un poco colocar mis libros no por temática, ni por orden alfabético de autor, sino en orden sentimental. Hay una estantería entera dedicada a los libros para la quema directa. Como Pepe Carvalho, los tengo reservados para encender la chimenea en cuanto empiece el invierno con los títulos más trascendentales. Las historias de Pepe Carvalho y la quema de los libros son maravillosas.

En una librería los experimentos sociológicos se suceden solos, sin necesidad de preparar cuestionarios de los que extraer estadísticas. Somos una sociedad ávida de felicidad de consumo rápido. No hay otra explicación para la venta masiva de libros de Mr. Wonderful, un subproducto llamado Kit para ser feliz. O cualquiera de sus tarjetones, tazas, llaveros, o calendarios que nos regalan un buen augurio cada día. Las gafas de la felicidad, El arte de no amargarse la vida. Yo colocaría ésos en la estantería de gastronomía, porque no dejan de ser recetas que prometen un bollo de alegría total sin más ingredientes que la voluntad de leerlos. Y a primeros de noviembre, irían a la estufa junto con Coetzee, Cioran y Hilsenrath.

Son libros que requieren una fe incondicional en el aislamiento mental. Una desconexión de la realidad de un mundo que es oscuro. Sucio. Un mundo que mancha y huele mal. Y cualquiera de esos ingredientes agriaría el sabor del bollo feliz.

Hay lectores más ambiciosos. Ésos compran Into the wild, la novela en la que Krakauer manda a McCandless a vivir en un autobús en el corazón de Alaska. Un autobús que se ha convertido en punto de peregrinación para chavales ávidos, otra vez, de felicidad de consumo rápido. Llegan a Alaska, tocan el autobús, y se van. Lo siento, Krakauer. Estufa.

Hay quien va más allá. Quien viaja para acercarse a aquello que hiede. Y quien elige el aislamiento físico y se lanza a la aventura de buscar la autonomía económica y energética. Antoine Bruy hizo autoestop durante tres años por toda Europa buscando esos núcleos utópicos de creyentes en la simple pureza de la tierra, a los que un destino basado en el ensayo y el error les ha devuelto lo que la sociedad de consumo impuesto había robado. Gente que ha hecho de la vida un lugar. Y tiene un trabajo precioso, Scrublands, dedicado a ellos. Maravilloso, como todo lo que hace.

Puede que alguno de ellos estuviera de acuerdo conmigo. Y puede que yo con él, pero me falte el valor para empaquetar y abandonar. La cama en el suelo, la estufa, los libros preparados para la quema… Yo tengo paredes de piedra y no una yurta, pero quise una durante algún tiempo y, para qué engañarnos, aún la quiero. Y aplanar los días de la semana, romper la linealidad de los trimestres en favor de las estaciones.

© Antoine Bruy

© Antoine Bruy

La vida autosuficiente, los viajes que duran años por un continente ajeno, un libro de autoayuda… Cada uno, que haga lo que quiera. Pero mi madre dice que la felicidad no es un estado, que son momentos. A los que agarrarse el resto del tiempo, supongo. A ser posible, delante de un buen fuego en el primer atardecer del invierno.
Irene Morán, 2014
Un trozo de cartón en Facebook

Antoine Bruy, web personal

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6 Respuestas a “La utopía de la felicidad de consumo rápido: Antoine Bruy, Scrublands

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  2. Sí, por supuesto que lo sé, Berta. Igual que es verdad lo que ahora llaman allí el “fenómeno MacCandless” y se ha convertido en un problema… En cualquier caso y como siempre es mi opinión. No me quedo ni con la historia, ni con la novela, ni con la película. ¡Me quedo con la banda sonora!

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