El tiempo que afila los cuchillos. Pepe Vera, Ask kids

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Mi mejor amigo dice que estamos cosidos. Que somos siameses. Fuimos amantes, también. Fuimos dos niños en diferentes momentos, y aunque de mayores la distancia se diluye, me sigue llamando señora. Pasó de las probetas a las montañas y ahora corre como una cabra arriba y abajo de la Maliciosa varias veces por semana, con unas mallas tan apretadas que es muy fácil reconocer las piernas que, una vez, me rodeaban. Salvando las distancias incestuosas, es la familia que habría elegido, si me preguntaran a quién quiero a mi lado siempre, incondicionalmente. Con todo lo brutal que tiene la familia; esas cosas de la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, pero sin votos de por medio.

Mirando atrás ahora, a cuando pertenecíamos a generaciones distintas, se me solapan inevitablemente las imágenes de hoy, y se funden en un uno de colores raros: los que destiñen del tiempo pasado por debajo de los que ciegan, del actual. El resultado es un pasado que crece a toda velocidad, del que de vez en cuando rescatamos cosas, como una canción horrible de Huecco, que aún me hace reír. Un pasado que voy metiendo en una caja de latón sin fondo, de ésas que envejecen bien, que casi se oxidan, y tienen el encanto de haber podido estar en casa de tus abuelos, hace muchos años, con el cola cao. Cuando el cola cao era un lujo.

Y de una lata así parecen también sacadas las imágenes de Ask kids, de Pepe Vera. Pepe creció en puerto del Carmen, cuando aún se llamaba la Tiñosa. Cuando las islas Canarias aún no eran el paraíso del turismo del norte de Europa en busca permanente del sol y el mar. Cuando el único hotel que había era en el que trabajaba su padre, y estaba en construcción. Y donde antes había terrenos de cultivo ahora hay hoteles y apartamentos, donde había barquillas de pesca ahora hay submarinos de paseo y donde había playas desiertas ahora hay hamacas y turistas. Pepe ha juntado en Ask kids las fotos de su infancia con las de Puerto del Carmen, hoy, a diez mil kilómetros (que diría Huecco) de Tiñosa. Tiende un puente entre dos mundos que sólo comparten un emplazamiento físico, y tal vez los recuerdos de aquellos que, habiendo crecido rodeados de mar, son capaces de impregnarse de la calma que atrapa que tienen ciertas cosas, como el mar, el fuego, y el óxido. Julio Rodríguez diría:

…Es el fin de una era. Un nuevo tiempo
afila sus cuchillos y nosotros
ya no podemos hacer nada.
Sólo salir del agua y regresar a casa:
ponernos en marcha intentando no coger frío en el camino.

(Julio Rodríguez, Poniente)

Soy una sentimental, y me gusta la gente que también lo es. Hurgo en mis recuerdos, y en los de los demás cuando me conquistan, para intentar poseerlos. Si yo hiciera una retrospectiva dentro de muchos años, mi siamés aparecería desvaído en todos mis álbumes familiares, otra vez, con todo lo brutal de la familia. Son una fuente inagotable de sentimentalismos frente a los que ya no podemos hacer nada. Salvo rescatarlos, abrirlos, leerlos, dejar que respiren, devolverles las galas y las lentejuelas. Dejar que brillen. Hablar con los muertos. Contarles qué fue de ellos, de nosotros. O de Tiñosa.

Irene Morán, 2014
Un trozo de cartón en Facebook

Pepe Vera

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