Ítaca es el camino. Antonio Rasi Caldogno y los melocotones maduros

Antonio Rasi Caldogno

Flickr, Tumblr, Instagram, Fotolog (dios mío, Fotolog, qué lejos parece eso ahora). La comunión de todas ellas. Instagram te pregunta al publicar una foto si quieres compartirla también en Facebook, en Twitter. Enviarla por mail a una lista de correo, competir en Foursquare para hacerte alcalde de un local que ya has inmortalizado. Uh…

El selfie, la candidata a palabra del año, tan de moda. La exhibición, la afirmación de una debilidad escondida detrás de un cuello que no revela que, justo encima del corte, probablemente una legaña, o un grano, estropeaban la belleza que uno encuentra al levantarse y que querría enseñar al mundo. Camuflada detrás de “tengo un cuello precioso” e intentando que la mirada que observa baje y no suba el sentido, e imagine el arranque del escote y no el grano. Probablemente lleve una leyenda: “pereza de miércoles“. Uh…, otra vez uh… Qué rotundo.

Tengo una teoría: la falta de honestidad del mundo virtual está rompiendo las relaciones humanas. El grano estaba, no nos engañemos. Y el escote… bueno, el escote probablemente existía pero “¿qué tenéis los hombres con el pecho de las mujeres? El cincuenta por cien de la población los tiene, tu madre los tiene también, por dios…” (¿Era Ariadna Gil a Gabino Diego en Los peores años de nuestras vidas?). No nos engañemos, nos cuesta responder a la honestidad, a la franqueza. Sabemos cómo colocar un emoticono en el sitio preciso para insinuar una reacción determinada. Somos geniales terminando los sms (los whatsapp ya, más bien, que hasta el sms se ha quedado antiguo) con unos puntos suspensivos. Por si las moscas. Pero enfrentarnos a la vida de verdad se convierte en una negociación extraña. En poco tiempo hemos perdido la frescura de las relaciones cara a cara, hemos dinamitado la herencia que nos han dejado siglos de civilización, y ahora, ¿a quién echar la culpa, si no somos capaces de encontrar la salida del laberinto?

La vida es el laberinto. Es un camino hecho de calles y encrucijadas. Dónde esté la salida, no importa. La vida es un viaje, y el destino… no importa. Al destino tal vez nunca consigamos llegar.

Antonio Rasi es un fotógrafo italiano, retratista, “reportero” de bodas. Las fotos de bodas son un mundo maravilloso en el que no voy a entrar ahora, pero no son ésas las que me han llamado la atención. En su página hay una sección, “Around the world”, llena de fotos de su vida, igual de expuestas que los portfolios profesionales. Su familia, sus viajes, él. De lo que podría haber sido una exhibición, un diario fotográfico, Antonio da una lección de herencia bien mantenida. Herencia en el sentido tierno de la palabra, naïve. De las tradiciones bien mantenidas. De las cosas que uno querría enseñar a sus hijos para que tuvieran una vida mejor. Tan sencillas como merendar a media tarde.

En este mundo de la manifestación gratuita la línea entre partícipe e intruso es delgada. A veces incómoda. Nos asomamos a las vidas ajenas, como diría Harlan Coben como una apisonadora acercándose a un melocotón maduro. Sí, yo soy una de esas apisonadoras. Me gusta reconocer melocotones maduros, y acercarme hasta notar su olor. Pero luego me aparto; no me importan mucho las virtuales vidas ajenas. La exhibición 2.0 tiene lo rotundo de una meta, y la prisa por demostrar que uno ya ha llegado.

Ayer tuve un encuentro real con un desconocido honesto que terminó con dos vinos, Kavafis e Ítaca. Un canto al camino. Exactamente lo que propone Antonio con su “Around the world”: no te deja ser partícipe, no te invita a pasar, pero te enseña su camino. Las he visto, una y otra vez. Y he querido aprender de su luz, de sus ojos y sus encuadres. Y no me he sentido incómoda. Leed el poema de Kavafis(*), y pasead por el camino de Antonio. Y sed honestos. Veréis a lo que me refiero.

Irene Morán, 2014
Un trozo de cartón en Facebook

Antonio Rasi Caldogno, web personal

(*)Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en loa emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperlas y coral, y ámbar y ébano,
perfúmenes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.
Poesías completas, XXXII

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