Del amor y otros… demonios. David Simón Martret

A Junk love. David Simón

Encerrarse en uno mismo tiene como consecuencia natural ver el resto del mundo como una sola unidad, un bloque enfrentado. Fabricar una jaula en la que encerrarse bajo el peso infinito del otro componente de la dupla sólo deja una salida: morir. Más o menos es lo que Eddie Vedder viene a cantar en la banda sonora de Into the wild. McCandless había cambiado su nombre y donado todo lo que poseía a la beneficencia para buscar el auténtico sentido de la vida. Se aleja del mundo civilizado, del otro bloque, de la sociedad. Sociedad, especie loca, espero que no te sientas sola sin mí.

Hay muchas formas de hacer bloque contra la sociedad, y la droga es una de ellas. Krokodil es una versión casera y barata de la heroína. Codeína, fósforo de cerillas, disolvente, limpiadores de suelos… sus ingredientes están al alcance de cualquiera y la receta se difunde por internet, pasa de boca en boca. Su nombre no sólo no es gratuito, sino que es muy gráfico: la droga se come la piel, la escama y la tiñe de verde, revienta los vasos sanguíneos, desprende la carne de los huesos. Sus efectos duran apenas unas horas pero es altamente adictiva. la llaman la droga zombi porque sus usuarios no salen del ciclo de adquirir, preparar y consumir la droga. Su esperanza de vida no supera los cuatro años una vez que están enganchados.

Se detectó por primera vez hace once años en Siberia pero se exiende tan deprisa como destruye todo lo que toca. El rechazo de las autoridades a tomar medidas para reducir los daños sumado al acceso tan fácil de la desomorfina -el nombre científico de la droga- conforman una mezcla explosiva. Traspasó las fronteras rusas avanzando por la Europa del este, y el año pasado ya se detectaron casos en EEUU. Las alarmas saltaron pero su uso se siguió extendiendo. Desde el Consorcio Internacional de Política sobre Drogas informaban de que la escasez de heroína que se produjo a finales de la primera década de los dos mil y la subida de su precio había multiplicado los casos de consumo de drogas fabricadas en casa. Una opción desesperada que, según relataba un consumidor ruso a The Independent

puedes notar lo desagradable que es mientras te lo metes. Sueñas con heroína, con algo que parezca limpio y no veneno. Pero no puedes permitírtelo, así que sigues metiéndote Krokodil, hasta que te mueres.

David Simón obtuvo financiación de la asociación Diomira y fue a Rusia en busca de ese “oscuro mundo”. De ese viaje nació un proyecto fotográfico llamado Krokodil que sigue la rápida expansión de la droga a través de las repúblicas de la antigua Unión Soviética, y pronto será publicado. Pero por el camino se cruzó con Sergey y Katia y una historia de amor, “un romance unido por la heroína (*)”.

Un domingo de diciembre en las afueras de la ciudad fuimos a conocer a Sergey y Katia. Me sorprendió lo unidos que estaban, el amor que se respiraba.

A Junk love se abre con unas bayas rosas que tiñen el resto del reportaje. Unas fotos que retratan la acogedora jaula en la que viven su amor, una cosa no quita la otra. Pero al verlas, no he podido evitar querer escuchar a Eddie Vedder, quizás para acompañar la sensación de que su esperanza de vida, como consumidores de heroína, es reducida. De que las cuentas no salen. Society dice: cuando menos es más, y más es menos, ¿cómo hacer cuentas?. Mi sensación, y es amarga, es que no pueden hacerse cuentas, porque se trata de una cuenta atrás.

A Junk love - David Simón

Hace unos años pasé una temporada en Rusia, en San Petersburgo. Muchas de las sensaciones que allí tuve están presentes en las fotografías de David, mucho de aquel mundo tan sorprendentemente lejano. Los papeles de las paredes, los sanitarios, los pomos de las puertas… Esa especie de pátina de linóleo que parece que lo cubre todo. Las inmensas dimensiones de los edificios comunistas destinados a empequeñecer e igualar a los hombres que, vistos desde arriba, parecen hormigas. A junk love es una historia bonita con un final feliz: David sale del encierro de Sergey y Katia y lo fotografía, tremendo, desde fuera. Y los fotografía a ellos, abrazados en la calle. Y no parecen para nada pequeños.

Irene Morán, 2013
Un trozo de cartón en Facebook

David Simón Martret, web personal
A junk love en Lamono
Eddie Vedder, Society
(*) La historia de Sergey y Katia, contada por David: Sergey (26) and Katia (28) are a heroin addict couple who live in the south east suburbia in Saint Petersburg, called Bolchevikov Prospect area.
Sergey has been imprisoned several times and the reasons have always been related to drug possession, drug traffic and self consumption. It is been only one month since he came out from jail after spending the last three years of his life in prison. Since she was a teenage girl, Katia has also spend little periods of time in prison for committing small compulsive robberies.
Life in prison has not been easy either for Sergey, which in there he has been beaten up, suffered abuses and has lost two fingers on his right hand; or Katia, who has her nine years old daughter when she was still imprisoned. After meeting each other in jail, Sergey and Katia share their freedom, a home, a daily common life and an addiction.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s