Maspons, el alud que si no convence, arrastra.

Hombre en Ibiza, Oriol Maspons

En el número 34 de la revista AFAL (enero de 1962) se publicaba un reportaje sobre la obra de Joan Colom. De ella, Maspons decía:

Hacer imágenes, cuya sola preocupación sea la expresión. Demasiado a menudo, sin uno mismo darse cuenta, tendemos a hacer fotografías para probar que la fotografía es un arte. Error inconciliable con el fin más propio de la fotografía.
Hacer imágenes que responden a la realidad interior de quien las realiza y que posean el vigor y la objetividad de la realidad exterior, he aquúi la fuerza de la fotografía importante.
El querer pensar “en artístico” es una vanidad gratuita, una pantalla que nos oculta el rostro del mundo.
¿Qué podemos reprochar a Colom por el mundo que nos muestra en sus imágenes? Toda su respuesta podría ser la de Henri Cartier Bresson: -“Yo sólo puedo repetirles que eso estaba así y siento no poder decir “los personajes y situaciones de este relato son imaginarios, cualquier parecido con personas o situaciones reales es pura coincidencia”-.
A peear de ello, cuántos recelos pueden levantar su fotografías en espíritus poco objetivos, retrógrados, hipócritas o simplemente comodones. Ya que la verdad es explosiva.

Hacía ya cinco años de la publicación del polémico artículo de Maspons llamado “Salonismo“, estaba clara ya su posición respecto de la fotografía moderna. Era un buen conocedor de la fotografía europea, y con sus palabras no hizo más que poner en evidencia un fenómeno que estaba teniendo lugar en el panorama español, que empezaba a apuntar hacia un nuevo imaginario al otro lado de la brecha con la fotografía artística, de salón, contra la que arremetía. Luis Conde Vélez lo vio venir: vamos hacia las puertas que nos abre una generación de artistas fotógrafos, de jóvenes que saben ver con ojos nuevos y que actualmente vacilan ante la angustia de lo que representa una época pasada y la esperanza de un espacio inédito para sus vuelos.

Maspons buscaba el momento oportuno con inteligencia fotográfica y así persiguió escenas de una España rural que empezaba a abrirse hacia la modernidad, pese al yugo del franquismo.

Aquel Salonismo terminaba diciendo: La historia de la fotografía debe revelar el espíritu del tiempo y de su operador. Si así servimos a nuestra época, es el tiempo mismo y sin prisas, que hará de la fotografía un verdadero arte y de su operador, quizá, un artista.

Hoy nos ha dejado Oriol Maspons. Y en un día como hoy, qué mejor homenaje que dejar en manos de sus colegas de AFAL su presentación:
“El más difícilmente encasillable de todos, lleno de ambiciosas ideas, de influencias europeas, con obras de muy variada ejecutoria que nos dejan en la confiada espera de que algún día sonarán al unísono lo que intenta y lo que logra. Pero siempre alud que si no convence, arrastra“.

Irene Morán, 2013
Un trozo de cartón en Facebook
Oriol Maspons, Salonismo

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