Destins incerts: Francesc Galí y Felipito. La tecnoera en la que no cabe el cansancio

Francesc Gali, Destins incerts
Dicen que la tecnoera se ha apoderado de nosotros. De nuestro día a día, de las actividades más cotidianas. Recuerdo que en el colegio, el día que cambiaban la hora, siempre había algún infeliz que llegaba una hora antes a clase para encontrarse con una verja cerrada. Mi despertador de ahora está misteriosamente conectado a un ¿satélite?, y se ajusta solo a los cambios horarios.

A mí me gusta, la tecnoera. Me gustan sus ventajas. Me gusta su velocidad, pero me da pena la prisa que nos ha metido en el cuerpo. Todo es inmediato, todo es ya. Ya, ya, ya. Yo necesito más tiempo. Necesito pausas. Necesito poderme cansar. ¿Recordáis a Felipito, el amigo de Mafalda? Parado delante de una estatua dedicada a un luchador incansable dice: Así cualquiera, el mérito es estar cansado y seguir luchando. Vivimos pegados a un satélite incansable.

Hace unos años pasé un mes en la Costa Brava, cazando lugares en los que alguna vez un perro debió perseguir una mosca. Tantas horas pegada a un mapa que se volaba un poco en cada curva me ayudaron a encontrarme. A mí: no pude dar con todos los sitios de mi lista. Recorrí carreteras de polvo, di paseos que ya he olvidado. Pero la sensación de no saber hacia dónde me dirigía sigue viva. ¿Un mapa? ¿Para qué? ¿Qué importa una ruta marcada en una reproducción en miniatura de la realidad?

Fransec Galí (Barcelona, 1964) lo explica muy bien en la presentación de su trabajo Destins incerts: El Futuro siempre es incierto. Una incógnita que sólo descubrimos cuando llegamos. Un amigo me decía ayer que ninguno tenemos la vida que pensamos tener. Que soñamos tener. Que la vida se hace cada día. O más bien, que la vida es lo que hacemos con lo que tenemos en cada momento. Se acercará más o menos al sueño. Pero, ¿qué más da? El sueño es el mapa. El mapa se vuela con el viento, el sueño se desvanece con la realidad. El mapa sigue siendo un trozo de papel en el que podemos clavar una chincheta. Y, sin embargo, lo que a mí me gusta, son los agujeritos que quedan en la pared al retirarlo.

La historia de Destins incerts es una historia analógica. Francesc Galí hizo las fotos con una polaroid cargada con carretes caducados. Dice que la falta de definición, lo desvaído, le deba la idea de incertidumbre que buscaba. El futuro nunca está definido. Es una intuición o una proyección de lo que anhelamos.

El futuro es una historia que contaremos en pasado, siguiendo las marcas de las chinchetas en la pared. Y espero haberme cansado por el camino. Entonces, la historia que cuente, tendrá sentido.

Irene Morán, 2013
Un trozo de cartón en Facebook
Fickr de Francesc Galí
Destins incerts en Vimeo

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