¿Pueden, los muertos, bailar? Lisa Gerrard y Luca Catalano: Somalia huérfana

Catalano-01-600x360 El Parc del Fòrum de Barcelona está lejísimos del campo de refugiados de Dadaab, en Kenya. Es el campo más grande del mundo: tan grande, que está formado por tres. Una multitud se agolpaba el sábado alrededor del más acogedor de los escenarios del Primavera Sound. El Ray Ban. Dicho así suena casi frívolo… Sobre las tablas un grupo australiano, Dead can dance. Brendan Perry en el centro. A su izquierda, arropada por una capa, Lisa Gerrard.

Escenario Ray Ban, Primavera Sound 2013 (Barcelona)

Escenario Ray Ban, Primavera Sound 2013 (Barcelona)

Su voz tendió un puente el sábado entre Barcelona y la lejanísima Kenya. El aforo del anfiteatro al borde del mar es del 17.000 personas. El de Dadaab, 350.000. El del desierto que lo rodea, en el que se agolpan los refugiados que llegan y no pueden entrar, ilimitado. Restos de familias rotas que han ido enterrando muertos por el camino. ¿Podrán, sus muertos, bailar?

Black Hawk Down (Ridley Scott, 2001) cuenta la historia de dos halcones -helicópteros de las fuerzas armadas norteamericanas- que sufrieron una emboscada en 1993 en plena guerra civil somalí. Trataban, en una misión aparentemente sencilla, de acabar con el poder que permitía a los señores de la guerra robar la ayuda humanitaria. Fue una masacre que Hollywood convirtió en una “carnicería a la americana”. Como si así el desastre fuera mayor. Ridley Scott me disgusta, más que otra cosa. Pero hay algo que hace muy bien: encargar bandas sonoras. Y Lisa Gerrard canta un escalofriante tema en bretón en esta película: Gortoz a ran.

El concierto del otro día fue casi soporífero. Un pajarito dijo “les ha faltado maldad”… Puede ser. Pero otro tipo de maldad. La maldad que tiene Lisa cuando canta sola, la que atraviesa y atrapa, la que me hizo recordar una película horrible con la guerra civil somalí de fondo. Gortoz a ran está escrita en bretón. ¿Qué más da? Lisa hace magia en bretón, en inglés, idioglosia, melisma, o como lo queráis llamar. Los genios (como ella, como Jónsi, como Joyce o Cortázar) están hechos para inventar. La voz de Lisa dibujó un telón sobre el que pasaron estas imágenes. Un telón de polvo en mitad de una noche húmeda. La magia de la música no tiene límites. Y 17.000 vivos, bailamos.

Campo de refugiados Dadaab, Kenya

Campo de refugiados Dadaab, Kenya

Desde hace veinte años la guerra civil y las sequías empujan a la población somalí fuera de su país. Una larga y silenciosa cola es la meta de muchos de ellos: la que tienen que esperar a la entrada del campo de Dadaab, a ochenta kilómetros de la frontera entre Somalia y Kenya, donde ACNUR toma las huellas y una fotografía de cada refugiado. Después del registro, la jurisdicción de las Naciones Unidas supone agua potable, tiendas, comida.

Llegada de refugiados al campamento de Dadaab, Kenya

Llegada de refugiados al campamento de Dadaab, Kenya

Luca Catalano Gonzaga (Roma) fotografió en mayo de 2011 la llegada de los refugiados somalíes al campo. Con su serie A la espera de ayuda humanitaria obtuvo un accésit en el XV Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña. Y una muesca en el corazón de todos los que, a 10.000 km del campo, les hemos visto llegar. Como dice Gortoz a ran (Esperaré siempre), la canción que canta Lisa en Black Hawk down:

One day it will come back //
Over the lands, over the seas //
The green wind will return //
And take back with it my wounded heart ///

Los laterales del escenario Ray Ban rezaban “Never hide”. Las fotografías de Luca no se esconden. Dead can dance consiguió que todo tomara forma, al menos para mí, a 10.000 km, seguro sin proponérselo.
Ojalá, los muertos de tanto camino, esperen bailando.

Irene Morán, 2013

Un trozo de cartón en Facebook
Luca Catalano
Luca Catalano en Witness Images
Guerra civil Somalia
Campo Dadaab, Kenya (artículo de junio de 2011, cuando fueron tomadas las fotografías)
Campo Dadaab por Oxfam
Black Hawk Down (IMDB)

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Una respuesta a “¿Pueden, los muertos, bailar? Lisa Gerrard y Luca Catalano: Somalia huérfana

  1. Me parece un artículo genial Irene.
    Lo único que no me ‘casa’ es que lo califiques de ‘soporífero’.
    No es que no respete tu parecer particular del evento, que además me parece correcto, sino que si prescindes de ese calificativo (u otro de connotación negativa en su defecto) el escrito bien podría servir para enzalzar las virtudes de la banda sobre el escenario, o simplemente que el concierto fue acojonante.. No sé, me escama ese aire contradictorio de la misma manera que me escamó ver la felicidad con la que te movías en el ‘peudoconcierto’ de Omar Souleyman.
    Digamos que me parece que a un concierto ‘soporífero’ no se le dedica un conjunto de palabras tan maravillosamente ensalzadas ni se le metaforiza con ese espejo tan conmovedor que tú has hecho con el campo de refugiados keniata y la voz de Gerrard haciendo ‘milagros’, no sé si me explico.
    MuchosBesitosss.

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