Los amarillos: Loretta Lux y Albert Espinosa.

Loretta Lux imagesGeneralmente revisito los libros de los que hablo antes de escribir sobre ellos. Busco citas concretas, pasajes que me marcaron… Una voz, un pensamiento, un recuerdo… Hoy no necesito hacerlo. Puedo quedarme con la sensación que me dejó en el estómago un libro que no pensaba leer.

El mundo amarillo (Albert Espinosa, 2008) es muchas cosas de las que no voy a hablar. No es un libro de autoayuda, aunque sí la historia de alguien que ha sido capaz de ayudarse a sí mismo, y ser feliz. Con todas las papeletas para no serlo. Espinosa pone en palabras una de las aventuras vitales más inquietantes de un ser humano: los amarillos. No necesito revisitarlo porque Espinosa simplemente ha dado nombre a una sensación que me ha acompañado toda la vida.

Poner etiquetas es peligroso. Pero a veces ayuda a colocar las cosas en su sitio. Un amarillo es una persona especial. Es más que un amigo. “Son personas que te encuentras y cambian tu vida“. Que equilibran afectos y quitan el monopolio de lo físico en la pareja. Gente con la que hay que dormir, con la que hay que despertarse. Que entra en tu vida sin invitar a la tristeza a pasar cuando su destino amarillo se cumple: irse. Gente a la que hay que saber reconocer porque no hay reglas: nadie te dice quiénes son. Y llenan huecos que parecían ser parte de nuestro ser. Yo tengo un amarillo. Y una amarilla. Para mí, son imprescindibles. Los necesito para vivir. Pero no había sabido ponerles nombre hasta ayer.

Nada más cerrar el libro ayer una casualidad quiso que una fotografía de Loretta Lux se cruzara en mi camino. Un niño sentado en una descalzadora mira al vacío mientras una niña, abrazada a un muñeco, le observa.

Loretta Lux GreenR 300 (1)
Loretta juega con la idea de soledad en sus retratos de niños perfectamente construidos. Estos dos niños, muñecos vivientes, tan solos, tan serios, me atacaron. Me atacó su soledad. Eran todo lo contrario del espíritu juguetón de los niños de Espinosa. De Espinosa mismo. Un comisario de una exposición dijo de Lux que la fotografía abandona sus primeras pretensiones ontológicas de representar algo, detener el tiempo o registrar, ya que emprende un camino distinto: hallar nuevas rutas para la experiencia humana del deseo de vivir.
Y el círculo se cerró: deseo de vivir es de lo que está plagado El mundo amarillo.

Loretta Lux es una fotógrafa con formación de pintora. Coloca a los niños sobre fondos que ha pintado o fotografiado previamente, y los une mediante un proceso digital. En Loretta confluyen dos corrientes: una clásica que arranca en Bronzino, Velázquez y Philipp Otto Runge, y otra fotográfica y puramente alemana, como ella. Es imposible no pensar en August Sander, en Thomas Ruff.

Otra casualidad ha hecho que mientras me sentaba a escribir sonara en la radio Use somebody (Kings of Leon, Only by night 2008): I’ve been roaming around / I was looking down at all I see / painted faces fill the places I can`t reach / You know that I could use somebody / someone like you.

Al final, todos buscamos, sin saberlo, alguien que llene esos huecos que no somos capaces de reconocer. Que sólo toman forma cuando alguien, aparecido de la nada, los llena. Un amarillo.

Irene Morán, 2013

Loretta Lux
Loretta Lux en El otro blog.
Albert Espinosa
Kings of Leon, Use somebody

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