La prostitución: paisaje humano “de carretera”. Txema Salvans

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Laura Restrepo publicó La novia oscura en 1999:
Entonces se abría la noche de par en par y sucedía el milagro: a lo lejos y al fondo, contra la oscuridad grande y sedosa, aparecían las ristras de bombillas de colores de La Catunga, el barrio de las mujeres.

Laura Restrepo se acerca a la prostitución desde dentro, desde la historia del amor imposible de Sayonara, la más bella y joven de las prostitutas del barrio de la Catunga, y Sacramento. Un petrolero. En una ciudad, Tora, fundada por ésas mujeres y más conocida como la ciudad de las cuatro pes: putas, plata, petroleros, paraíso en medio del hambre.

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Txema Salvans, desde fuera, nos presenta un paisaje que es tan de las carreteras españolas como los toros de Osborne. Mujeres que venden sexo esperando en las cunetas a que alguien se pare a su lado. Sin juzgar, sin opinar. Mujeres a las que miramos sin ver. Cualquiera de las más de 500.000 que se calcula que son prostituídas en nuestro país. Hay gente de la que depende que esta situación se termine. Txema Salvans dice que pretende provocar un posicionamiento de aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas. No sé si habrán visto las fotos pero, si lo han hecho, dudo mucho que les hayan dejado indiferentes.

Me alegro de que Txema Salvans haya hecho estas fotos: sólo así me atrevo a buscar su mirada y ofrecer la mía de igual a igual. Nunca lo hago, porque temo que no quieran ser miradas y simplemente las incluyo, por respeto, en un paisaje que llenan de una humanidad que finjo no ver.

Ciega, me quedo en mi atalaya. Mi atalaya de vida cómoda, en la que nada turba el horizonte. Desde la que puedo mirar a cualquier par de ojos sin avergonzarme de mí misma. Y en mi atalaya, busco motivos. Leo. La feminización de la pobreza (la ONU estima que de los 1.500 millones de personas que viven con menos de un dólar al día, la mayoría son mujeres), el tráfico de personas, que 4 de cada 10 españoles ha recurrido a los servicios de una prostituta y, por tanto, es cómplice…

Bajar de las atalayas es un esfuerzo que tenemos que hacer. Las atalayas no son sitios en los que vivir. No son refugios dignos. Son artificiales. La vida real está abajo y es donde nos corresponde estar, a todos, de igual a igual. Seguro que hay quien dice que trabajos como el de Txema Salvans remueven conciencias. A mí simplemente me deja claro que mundo sólo hay uno, y es del que todos formamos parte. Queramos mirar o no.

Irene Morán, 2013

Txema Salvans

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