Sigur Rós y Franck Juery. Los niños con mucha vida a sus espaldas

Franck Juery

Hay quien dice que Sigur Rós es un grupo “que te parte la cabeza“. El sábado tocaron en Barcelona. A la salida del Palau, escuché a una chica decir “tengo ganas de llorar“. En septiembre tocaron en Madrid y cuentan las lenguas ácidas que una mujer, entre el público, se arrancó la ropa, presa de la emoción. Yo soy emotiva como la que más y ni lloré ni me desgarré las vestiduras. Disfruté como en pocos conciertos en mi vida, y me acordé de un fotógrafo francés, Franck Juery.

Sigur Rós es el proyecto de Jónsi, un islandés nacido en 1975. Supongo que todos los que estábamos allí sabíamos de la finura de su trabajo, del mimo con el que acaricia cada tema. De sus excentricidades, de su idioma inventado, de sus discos sin nombre… Incluso habría alguno que supiera que es ciego de un ojo. Lo que no sabíamos era que, pese a esperar disfrutar de su música en lo más profundo de cada uno, y cerrar los ojos, un espectáculo audiovisual iba a acompañar toda la actuación. Igual de fino que su música. Igual de cuidado. Igual de envolvente. No pude dejar de mirar.

Hace meses lanzaron una propuesta: el Valtari Film Competition. Pidieron a la gente que hiciera videclips para sus canciones. Yo recuerdo uno de los finalistas, Antonio Marzotto. Recreó en siete minutos y una casita de muñecas la historia de un amor perfecto: desde que nace hasta que muere, de viejo, muchos años después. No ganó, evidentemente. Es oscuro, mediterráneo, crudo en una forma que toda la aspereza de los nórdicos no puede entender.

Sigur Rós tiene esa cosa que te hace sentir un poco niño; un niño con mucha vida por detrás. Como los niños que aparecen al principio del trabajo de Marzotto y que mueren al final. O igual es sólo que la sensación de las polaroids me recuerda a los niños que se zambullían en el agua durante el concierto con Sæglópur. Como los niños de Franck Juery.

Los niños de sus Polaroid son niños inmensos al lado de sus juguetes, o niños tapados por una engañosa perspectiva, ocultos detrás de un avión, una pistola de agua, un zapato. Niños que pisan sus juguetes, que duermen bajo la mirada de un soldadito de plástico. O muñequitos incrustados en un mundo a escala real que les deja enteros, íntegros, pero indefensos.

¿Qué hay, de tan raro, en los tamaños del trabajo de Juery? Te saca de tu sitio y redimensiona todo lo que te era familiar: se vuelve una sorpresa. Algo así me hizo sentir Sigur Rós el otro día. No sé, tal vez la próxima vez que vengan me deje llevar y me desnude…

Irene Morán, 2013

Franck Juery
Antonio Marzotto, Fjögur píanó para Sigur Ros Film Competition
Sigur Rós
Valtari Film Competition (para los amantes de los videoclips, un filón)
Sigur Rós, Seaglópur

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