El azar, la vida y la suerte: dos críticas a la antigua URSS. Mikhailov VS Gronsky

Boris Mikhailov
El color del que teñimos la vida, según tira el viento, disfraza de casualidades cosas que podrían haber pasado desapercibidas un día en el que el mundo hubiera sido de otro color. Breaking Bad es un buen ejemplo de cómo el azar puede llegar a cambiar nuestras circunstancias. Hasta el punto de querer volver atrás en el tiempo y decidir en qué momento podría uno no haber hecho algo y así, evitar una casualidad. Walter White, su protagonista, en un arranque de lucidez al borde del desmayo dice: El universo es aleatorio. No es inevitable. Es sencillamente caótico. Son partículas subatómicas en colisión constante y sin objetivo. Eso es lo que la ciencia nos enseña, pero ¿qué quiere decir esto?

Alguien a quien me unen más casualidades de las normales desmontó ayer mi teoría de nuestra vida y el azar. Me dijo “tengo la impresión (…) de que la casualidad no existe, sólo llamamos así a lo que ocurre con más frecuencia que lo improbable.”

En 1966 las fotografías de desnudo estaban prohibidas en la Rusia comunista. Una casualidad hizo que la KGB descubriera unos retratos que Boris Mikhailovich había hecho de su mujer, sin ropa. Fue despedido de la fábrica en la que trabajaba. Y Mikhailovich empezó a teñir de rojo sus fotografías. Rojo, el color del sistema. El rojo como elemento de la unión. El rojo de tanta propaganda. Pero Mikhailov no estaba exaltando el régimen: estaba mostrando cómo la ideología se derrumbaba.
Tuvo suerte. Sin saberlo, el propio sistema al expulsar de su fábrica a Boris, estaba dando alas a uno de los fotógrafos más críticos de la antigua URSS.

Durante treinta y cinco años ha retratado al pueblo de la antigua Unión Soviética. Y su mirada se ha endurecido. Puede que el mensaje tenga el mismo fondo en sus trabajos de los años setenta que en Case history (1997 – 1998). Pero Case history, duele. Son fotografías de habitantes de su Ucrania natal, medio desnudos. Hombres, mujeres y niños que bajo la opresión del régimen tuvieron una vida -sometida, dicho sea de paso- económicamente normalizada, y a los que el derrumbamiento del sistema condenó a la miseria en los años noventa.

La humanización descarnada de los efectos del comunismo en el pueblo. En el polo opuesto está Gronsky con su deshumanización minimalista: un joven fotógrafo estonio que dice que Rusia y China son países dispuestos a ser fotografiados, porque su gente es tan insignificante como peones en un tablero de ajedrez. Ojo.

Mikhailov vs Gronsky
Alexander Gronsky (Tallin, 1980) creció bajo el sistema, bajo la caída, o la decaída del sistema, y retrata sus efectos, décadas después. Eso lo digo yo. Él dice que explora los límites: entre las ciudades y los suburbios, entre la vida y la muerte, lo real y lo abstracto… Sus fotografías, al contrario que las del ucraniano, parecen el resultado de haber dejado al azar el peso narrativo de la imagen. Son paisajes, en los que el factor humano está, pero es parte del paisaje: modelos de plástico a medida en una maqueta. Tiene razón; podrían ser peones en un tablero de ajedrez.

No sé cuál de las dos visiones me aterra más.

Irene Morán, 2013

Alexander Gronsky
Boris Mikhailov en Arteypintura

Galería Boris Mikhailov

Galería Alexander Gronsky

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