La muerte, la propiedad y el documentalismo: Cristóbal Hara y Gerald Durrell

cristobal-hara-vanitas

Gerald Durrell
empieza uno de mis libros favoritos, Mi familia y otros animales (Alianza Tres, 1975) con una conversación en familia. Larry, el hermano mayor, el viajero, el inquieto, insta a su madre a abandonar la fría y lluviosa Inglaterra para irse a vivir a Corfú, una luminosa isla griega. Ella, sin dejar de tejer sentada en una mecedora, le dice que no se puede ir así como así:
– (…) Hay cosas que hacer en esta casa.
– ¿Cosas? ¿Qué cosas, diablos? Véndela.
– Pero hijo, no puedo – dijo Mamá, escandalizada.
– ¿Por qué no?
– Porque acabo de comprarla.
– Mejor, así la vendes a estrenar.
– No seas ridículo, querido – dijo Mamá con firmeza-; eso ni pensarlo. Sería una locura.
De modo que vendimos la casa y huimos del triste verano inglés, como na bandada de golondrinas migratorias.

¿Qué es nuestro? ¿Qué nos pertenece? ¿A qué, a quién pertenecemos? Blas de Otero diría que la palabra. Incluso que a la palabra. Y hoy, que todo gira en torno a la muerte, me ha venido a la mente un poema que, paradójicamente, se llama En el principio:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

La muerte siempre hace reflexionar. Intentamos averiguar qué hacer con la muerte, cuando nada puede hacerse con ella, más que encajarla. Pero, ¿dónde? A veces colocarla en un sitio físico puede ayudar a apaciguar el corazón. Una urna, un ataúd, una caja. Un tarro. Guardado en casa “hasta que tengamos un sitio que sea nuestro”. Un pedazo de tierra que escarbar con los dientes, que minar hasta encontrarte, como habría hecho Miguel Hernández. Yo, como Blas de Otero, me quedo con la palabra.

Hay fotógrafos que se sirven de la palabra, y fotógrafos que no. Cristóbal Hara es uno de los que huye de ella, y predica la imagen pura. Fue uno de los primeros que se atrevió a poner en color un documentalismo que en este país se vestía de riguroso blanco y negro. Que estudió los pesos de los colores y las formas por encima del mensaje, dejando que el espectador entrara en la imagen para terminar de hacer las fotografías.

La muerte es un personaje fundamental de la cultura española y Cristóbal Hara se la lleva de compañera en Vanitas (1999). Es un retrato perfecto de la España cañí y doliente a través de los ojos de uno de nuestros fotógrafos más modernos. La ironía y el humor llenan las páginas de este libro deliciosamente editado, en el que todo está pensado, todo está en su sitio. Y, curiosamente, el de la muerte es un segundo plano.

Insisto: me quedo con la palabra. Aunque no sepa qué decir. Aunque no me salga la voz. Y volveré siempre a Miguel Hernández, que nadie como él ha puesto en palabras el dolor de la muerte, y nadie como Serrat lo ha cantado.

Nadie como Isabel ha sabido explicarle a una niña de tres años que su perro se ha muerto: se ha ido con Mufasa. Menos mal que a ella sí le salieron las palabras.

Irene Morán, 2013.


Joan Manuel Serrat
. Elegía a Ramón Sijé, Miguel Hernández
Blas de Otero, En el principio
Duendeando en Radio 3 le dedica un programa a Miguel Hernández

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s