Los secretos del agua: Matías Costa, Narciso, y Oscar Wilde

Cargo
La belleza que el agua esconde es engañosa. O ciega. Nos ciega. Porque a menudo nos olvidamos de ella y nos quedamos en la superficie: en lo que refleja. Oscar Wilde reescribió la leyenda de Narciso, aquel joven que se ahogó en el río al querer besar su propio reflejo. Wilde contaba que tras su muerte, las Oréiadas, las diosas de los bosques, se acercaron a preguntarle al río por qué se había transformado de un lago de agua dulce, en un cántaro de lágrimas saladas. ¿Tan bello era, que hasta el río lloraba su muerte? Y el río responde:
Lloro por Narciso, pero nunca me había dado cuenta de que Narciso fuese bello.
Lloro por Narciso porque cada vez que se recostaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, mi propia belleza reflejada.

El agua encierra tesoros, e historias fascinantes. Una de las que más me gustan la retrató Matías Costa en su trabajo Cargo.
Cargo cuenta la historia de unos extraños supervivientes de un naufragio que nunca tuvo lugar.

Tras la desaparición de la Unión Soviética su gran flota pesquera quedó abandonada en varios puertos del planeta. Sus barcos y sus tripulaciones. Los capataces de los barcos se desentendieron de ellos, dejando una deuda enorme por pagar a las tripulaciones, así como los costes del alojamiento de los barcos en los puertos. Pero, los marineros que abandonan su puesto pierden el derecho a reclamar su paga, así que estos hombres permanecen a bordo a la espera de una solución que nunca llega.

En el Puerto de la Luz (Gran Canaria) los barcos están situados en hilera de modo que para llegar al último hay que pasar antes por dos, tres y hasta cuatro barcos que están en primer lugar. Si las endebles pasarelas que unen los barcos se caen por el viento o la marea, la tripulación queda aislada hasta que consigan volver a unir los barcos.

Gran parte de esta flota está varada en las islas Canarias. Pero oficialmente no se encuentran en suelo europeo, por lo que no pueden acogerse a las leyes de asilo y protección. El barco es su hogar, y su hogar se hunde lentamente. Con ellos en sus entrañas. El óxido corroe cada centímetro de sus cubiertas. Pero los tripulantes siguen en el agua: si abandonan el barco lo pierden todo.

Irene Morán, 2013

Narciso según Oscar Wilde
Cargo, Matías Costa

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