La pena negra: Eva Parey y la Generación del 27.

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Últimamente se habla mucho de la violencia. Tarantino ha vuelto a levantar ampollas con su reacción desmedida ante la pregunta de un periodista acerca de la influencia de la violencia en el cine sobre los espectadores. Violencia de consumo. Violencia de fácil asimilación. Soy la primera en repudiarla. La primera en taparme los ojos cuando un chorro de sangre aparece en una pantalla. Cuando me ofrecen dolor gratuito.

Pero hay otra clase de violencia. La que retuerce un horizonte del que no puedo apartar la mirada. La de nuestros poetas, tan cercana, tan serena. Cuentan que Miguel Hernández murió con los ojos abiertos. Y que no pudieron cerrárselos. ¿Hay pena más honda que ésa? Su poesía es uno de los horizontes retorcidos. El dolor de las raíces del pueblo. Igual que la Pena, protagonista absoluta del Romancero Gitano de Lorca. Que se filtra en los huesos hasta el tuétano. Que es oscura. Que es negra.

Una de las lecturas del Romancero es la de la frustración y la persecución del pueblo gitano. En el Romance de la pena negra (1924) Soledad Montoya, la alegoría de la Pena, llora zumo de limón y viste de azabache.

Noventa años más tarde, Eva Parey ha perseguido a los gitanos, a su manera. Ha cantado su pena con imágenes. Herederos de lo ajeno y Nómadas a la fuerza cuentan la diáspora del pueblo rumano y su avance hacia Europa occidental. Se dice que los gitanos son nómadas. Eva Parey los llama nómadas a la fuerza. Su trabajo está hecho en Vaslui, origen y destino de las constantes flujos migratorios de gitanos Rom a países como España, Grecia o Italia. Pone en evidencia su precario modo de vida, dejando patente que la falta de educación les obliga a perpetuar el rol de vida del rom, condenándolos a la exclusión social. La falta de oportunidades de trabajo y la marginalización determinan este éxodo: son nómadas por necesidad, no por herencia.

El trabajo de Eva Parey toca muy de cerca la poesía española del 27, el neopopularismo, la mirada a las raíces y a la tierra. Y me recuerda al tipo de fotografía que hacían en los años 30 algunos fotógrafos americanos de la FSA (Farm Security Administration), como Dorothea Lange. Nuestros poetas volvían a las formas populares, como el romance, y Eva Parey vuelve a la mirada de los años treinta. A meterse hasta la cocina y retratar a una familia que, ajena a su cámara, vive con su pena.
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Dorothea Lange para FSA – Eva Parey, Nómadas a la fuerza

Eva Parey
Vidas gitanas

Irene Morán, 2013

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