Peter Pan en femenino: Isabel Allende y Anka Zhuravleva

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A todos se nos llena la boca hablando de Peter Pan y del miedo de los hombres a crecer. A hacerse mayores. Pero, ¿qué hay de nosotras? ¿De nuestro miedo? Tengo una amiga que, esta mañana, lo ha traducido brutalmente diciendo que cada regla descuenta óvulos.

Y nos hemos puesto a hablar de historias de niñas. Cómo no, los Cuentos de Eva Luna han salido a colación. Tenía el nombre de Belisa Crepusculario, pero no por fe de bautismo o acierto de su madre, sino porque ella misma lo buscó hasta encontrarlo y se vistió con é1. Su oficio era vender palabras. Belisa era una niña que se inventó su rol de mujer, y enamoró a un fiero coronel con un regalo: dos palabras secretas. (Dos palabras, Isabel Allende).

Hubo otra niña en Rusia, Anna Belova, más conocida en el mundo del arte como Anka Zhuravleva. Cambió Moscú por San Petersburgo de la mano de su propio coronel, que no era tal, sino músico y compositor. Sus padres habían muerto dos años antes y buscó refugio contra la locura en el arte. Primero dibujando, haciendo fotos después. Sus series están hechas para leerse en solitario. Cuentos en color, Cuentos monocromos, Gravedad distorsionada… pero hay otra lectura: la de la niña que sigue dentro de la mujer.

He seleccionado para esta entrada fotografías que me remiten a las niñas de Isabel Allende y a las mujeres que, solas, siguen rodeándose de objetos de la infancia: conejos, globos, osos de peluche, barquitos de papel… Mujeres aparentemente fuertes que juegan al ajedrez con un erizo de peluche. Mujeres envueltas en un paisaje lleno de barcos de colores. Mujeres inmersas en la plenitud de su vida que recogen de ellas lo que fueron. Que sacan, sin miedo, la niña que tienen dentro.

Durante generaciones se cultivó el peso tradicional de que, por la condición de mujeres, nos tocaba ser las que no tienen miedo a enfrentarse, ya no a los óvulos perdidos, ni a los que no se perderán, sino a llevar de la mano a los hombres para que crezcan. Ellas crecían sin mirar atrás. Aquellos tiempos ya pasaron, ¿no? Los hombres ya no abandonan sus casas durante los meses de frío con el rebaño, tocando la flauta y durmiendo al raso. Ni las mujeres se quedan en el pueblo esperando la primavera teniendo como objetivo central en su vida ser fértil y diligente. Que cada uno crezca al ritmo que quiera. ¿Acaso uno no puede enfrentarse a la vida con miedo? El miedo existe. El miedo nos hace prudentes. Pero no hay por qué ahogar el niño que llevamos dentro porque siempre vivirá allí. Y lo necesitamos para que nos haga compañía.

Por eso me imagino perfectamente dentro de una fotografía de Anka. Probablemente se parecería a la de la chica sentada con un vestido cuyas mangas llegan al suelo. Sería la foto de mi niña, con la ropa de mi mujer. Pero miraría de frente, eso seguro. Con la misma seguridad que una pequeña Belisa Crepusculario engatusó con dos palabras a un fiero coronel.

Anka Zhuravleva
Dos palabras. Isabel Allende, Cuentos de Eva Luna

Irene Morán, 2013

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