La fotografía como relato interior: Duane Michals y la nieve

Duane Michals
La brisa gélida tiene una mano invisible que anuncia la llegada de la nieve. Hay atardeceres de invierno, cuando los días empiezan a acortarse que, engañosos, juegan a parecer el amanecer. Así le pasa al protagonista de La lluvia amarilla (Julio Llamazares, Seix Barral, 1988): Entretanto, la noche había caído sobre Ainielle. Aquello que, al principio, confundiera (…) con la primera claridad del nuevo día no era sino la sombra desgarrada con que el anochecer comienza siempre en invierno a deshacer el horizonte y las montañas.

Hay gente que viene del sur y está deseando ver la nieve. Hay gente que vive en ella. Hay nieves que aplastan. El frío y la nieve apagan los sonidos. Cerrado el exterior, sólo quedamos nosotros. Sólo queda el corazón. El espíritu que narra en primera persona el libro recuerda a Sabina, su mujer. Sabina se suicida la primera noche en que la nieve oculta el pueblo. Se ahorca, en el molino. Eran los últimos dos habitantes de Ainielle, una aldea del pirineo aragonés. Muerta Sabina sólo quedan él y la perra. Él, sus recuerdos, y la perra. Y un invierno feroz que devora el paisaje.

Tumbado en la cama remueve su corazón. Escucha las voces de los que una vez habitaron el pueblo a lo lejos, en la cocina, alrededor del fuego. Desde su habitación es testigo de una acción que se desarrolla fuera de cuadro. Igual que hacía Lubitsch, igual que hacía Michals.

Duane Michals (EEUU, 1932) hacía únicas sus imágenes escribiendo sobre ellas. Recuerdo una, There was that afternoon. Una pareja posa sentada en una cama. Sonríen a la cámara. Y bajo la fotografía, Duane escribió: Esta fotografía es mi prueba. Hubo una tarde, cuando las cosas todavía iban bien entre nosotros, y ella me abrazó, y éramos tan felices… Sucedió, ella me quiso.

Michals demostró que la fotografia puede ser un medio para fijar relatos muy interiores en vez de objetos bellos. Construye un universo protagonizado por espacios vacíos de información que el espectador puede, o no, completar con los textos que los acompañan. Sueños, muerte, deseo.

A mí, sus fotografías me recuerdan a la nieve: un silencio que uno rellena para no ahogarse. Y su prueba, a las palabras de Manzoni: Pero, ¿qué sabe el corazón? Apenas un poco de lo que ha vivido. (Los prometidos esposos, 1827).

Duane Michals

Irene Morán, 2013

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2 Respuestas a “La fotografía como relato interior: Duane Michals y la nieve

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