¿Puede el ojo descolgarse de la mirada? La soledad, Harry Gruyaert y Eduardo Galeano

Harry Gruyaert nació en Bélgica en 1941, y es miembro de la agencia Magnum desde principios de la década de los ochenta. Quienes no conozcan su obra pero sí la del pintor Hopper, reconocerán en el trabajo del belga mucho de los espacios hopperianos. (Carmen Dalmau, ¿Qué tiene Hopper que tanto gusta a los fotógrafos?)

Luz, color, sombras y paisaje. Éso es lo que busca. Sin planteamientos sociológicos, antropológicos, o periodísticos. Su fotografía es un homenaje a la estética por la estética. Y punto. O eso dicen… ¿Puede el ojo descolgarse de la mirada? En mi opinión, no.

Esta mañana he dado con un blog que titulaba una entrada Lonely or alone, y lo abrían dos fotos de Gruyaert invitando a la reflexión acerca de la soledad.

harry gruyaert

hrry gruyaert

Puede que sea la época del año. Puede que la navidad se preste a pensar en quiénes nos rodean, si es que nos rodean. Un repaso más, otra clasificación del top 5 de los mejores compañeros del año. O puede que las fotografías de Gruyaert me hayan hecho pensar en la soledad y en Galeano.

Eduardo Galeano hace una reflexión muy interesante acerca de la soledad impuesta y la soledad escogida. Con ella os dejo. Y ojalá siempre, siempre, nos acompañen las voces de la tierra:

Con la soledad pasa lo mismo: una cosa es la soledad que uno elige, que muchas
veces es necesaria. Uno necesita estar solo muchas veces en la vida. Y estar solo
puede no ser estar solo en el sentido estricto de “estar solo”; porque como vos decías
con mucha razón: uno muchas veces puede estar acompañado por las voces de la
tierra, por las voces de la noche, por las voces de su propia memoria que te
acompañan aunque no quieras. Uno nunca está de veras solo. Pero digamos que
dentro de lo que sería esa soledad relativa, elegir la soledad es un derecho humano
fundamental, el derecho de estar solo a veces y eso está perfectamente bien.

Entonces hay una soledad elegida, que es la soledad que uno vive en silencio, que a
veces es imprescindible para poner el alma en orden. A mí me hace mucho bien
caminar, camino mucho solo por la rambla. Camino, ando y ahí voy poniendo en
orden el alma; voy juntando los pedacitos de mi alma rota.

Pero hay otra soledad, que es la soledad no elegida, la soledad a la que te condena
una sociedad del desvínculo, una sociedad que te separa de los demás, que te impide
encontrarte con los demás y esa soledad no elegida es una maldición; es una fuente
de angustia, de ansiedad, te hace sentirte la última basura de la tierra. En cambio la
soledad elegida puede acompañarte mucho y muy bien en los momentos más jodidos,
más difíciles.


Harry Gruyaert

Conversaciones con Eduardo Galeano

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